viernes, 13 de febrero de 2015

El alféizar

“La irregularidad, es decir, lo inesperado, la sorpresa o el estupor son elementos esenciales y característicos de la belleza”, esta frase del poeta Charles Baudelaire, bien puede aplicarse a El alféizar, poemario de Juan Félix Clauteaux, porque lo inesperado del símbolo, el estupor ante la hondura abisal de las imágenes, y el carácter irregular de la estructura, son ejes fundamentes en los que Juan Félix articuló sus poemas.
La poesía de El alféizar traza un itinerario sinuoso. Se abre paso en la noche o en cálidos amaneceres, en intentos por abarcar la memoria de lugares recónditos, de zonas de sentido emplazadas en el omphalos lúgubre de la muerte, pero también en meandros de ensueños que conducen hacia la palabra vital que anuncia vida.

En los versos de estos poemas podemos leer el juego de la imagen poética que desemboca en el asombro, en la armonía y en la belleza de cada pasaje. El poeta, de forma magistral, combina la brevedad del haiku con la extensión de otros poemas que dan cuenta de un largo aliento, como un temblor que indaga en el yo poético.
La poesía de Juan Félix Clauteaux expresa un ritmo que se entreteje con la visión de escenarios colmados por la riqueza del lenguaje. En ellos, la palabra se internaliza para nombrar la experiencia íntima e inasible de las emociones, de visiones que pertenecen al reino subjetivo que habita en lo profundo del poeta.
Desde El alféizar el lector puede ponderar las variantes de estancias que se despliegan con la belleza inefable de la acción poética en su devenir, bucear en sus profundidades o salir para contemplar la belleza sublime de la naturaleza.

Les Quintero

jueves, 12 de febrero de 2015

El clan perverso

El clan perverso es una novela negra a la altura de su tiempo. Su trama se imbrica en una lóbrega red de relaciones hilada entre los actores —principales y secundarios— de las mafias nacidas al calor de la industria energética mundial, del poder que emana de los cañones de las armas y de los fajos inmensos de dinero. Es en buena ley, una novela política, humana, policial y culta.

En sus páginas encontramos episodios funestos, terribles, casi roñosos. Pero asimismo, nos enfrentamos a una dinámica de interlocutores levantados, como casas firmes, a partir de sus propias decisiones. Es a ratos una polifonía vocal que conjuga tantas ondas que, por momentos, parecen mostrarnos un solo rostro: el de un ciudadano múltiple, cosmopolita, pansexual y autónomo en su necesidad de saber y transformar.


Cincelada a punta de bloques emocionales, conocemos de las peripecias de un preso político, que puede ser —o no— un viajero que retorna… que puede ser un hombre frente a sus padres… que puede ser sin problema alguno, también el íntimo imaginario de sus antagonistas… que puede ser una mujer, que descubre su sexualidad, la potencia del arte y que sufre y disimula lo inmerecido.

Los pasos de la trama no están solos, vemos a Venezuela frente al telón de fondo del mundo. Sirviendo de ejercicio demostrativo revela —en diversos planos— un secuestro que se corresponde metafóricamente a la Europa de principios de siglo; de cómo la Guerra Fría parece no haber terminado; de cómo rincones clave como Chacao y el Ávila, se pueden llevar más lejos de lo que el espectador común deduce de buenas a primeras.

El clan perverso también es un programa de lectura que mueve al individuo, al investigador, al científico social —a todo aquel al que le interesa la racionalidad económica para mejorar el mundo y no solo para ganar discusiones— a seguir la pista de la destrucción de instituciones plenamente visibles como el Estado, la familia, la movilidad social o invisibles como la capacidad de soñar o el derecho al alejamiento.
En los anversos y reversos del papel que sostiene esta historia, se afanan referencias a La Ilíada, La Odisea, a Dante, a Eurípides, a Las mil y una noches. Se consideran las causas y consecuencias de la guerra. Allí, no solo la voz del profesor habla de heroicidad de pergamino sino de la mismísima vida real.

El clan perverso es una novela internacional  repleta de museos, alcohol y drogas, de revelaciones, de terapia y de todo lo que de allí fluye: extremos de  belleza y  abyección.

El clan perverso es un plan de lectura, es un programa literario, es una novela de suspenso, es un recuento de la política contemporánea, que gravita en el convulso mundo de los países cuyas riquezas minerales, suelen ser más importantes que la vida y el bienestar de sus nacionales; de esos hombres, mujeres y niños que viven cegados por una turbación propagandística, que frecuentemente les permite comer, pero no alimentarse ni en el cuerpo ni en el alma.
Joaquín Ortega