martes, 8 de febrero de 2011

Siluetas de la Crónica



“Hay tiempos que parecen espejismos. Así lo siento al recordar las tardes neblinosas de este pueblo, que apenas guarda hoy los indicios de un ayer como aquel que me tocó vivir: confiado en la intensidad de una juventud que nunca se interrogaba por sus excesos, y de una existencia que se perdonaba cualquier extravío, porque se sentía segura de su condición”. Con esta confesión César Gedler inicia su libro Tren sin Retorno. Texto con una estructura fragmentada que remite a la idea de dispersión, de huida… Simbólicamente también se puede entender como una mirada sobre los pequeños trozos que han quedado de una ciudad, pedazos que la memoria porfiada se empeña en recoger y pegar como si fuera un rompecabezas. Cada fragmento es una crónica que cuenta la historia de vidas, de lugares, de sueños.
En Tren sin Retorno, César Gedler reencuentra memorias que deja plasmadas en estas crónicas. Desde una perspectiva lúcida, analítica y crítica, el autor relata una serie de acontecimientos que transformaron a un pequeño pueblo en un territorio atomizado por una cultura globalizada. Mediante una prosa exquisita, Gedler nos recuerda las expresiones ricas en significados que utilizaban los viejos pueblerinos para nombrar la vida cotidiana. Estos indicios del discurso nos conducen a explorar otra noción latente en estas crónicas, específicamente un factor particular en el discurso que Gedler va desplegando en cada relato, se trata de la violencia.
El escritor tequeño, nos muestra una situación de violencia muy singular, porque no es propiciada por los personajes que él nos presenta, sino por una irrupción de la alteridad: el progreso que, paradójicamente, va destruyendo todos los espacios de Los Teques poco a poco. El cronista retrata de manera magistral las situaciones donde la violencia no sólo es un contenido conceptual dentro de la obra, sino también el espectáculo siniestro que se ofrece en el mundo fáctico.
En cada capítulo que Gedler dedica a un hecho, personaje o lugar determinado, percibimos cómo esa violencia larvada trata de justificarse en la ideología del progreso; ese fanal oscuro al que tanto temía el poeta Charles Baudelaire. El trabajo literario de Gedler nos muestra que el progreso ha devenido en una producción de mercancías, de bienes vendibles, en palabras del autor: “Ahora la raza de los mercaderes decide nuestro modo de vivir y sus gustos sustituyen la inspiración de aquellos días”.
La sociedad que muestra estas crónicas representa una estructura de producción comercial, en la que el poder político y económico fue desterrando al pueblo acogedor y tranquilo. En su lugar sólo dejaron una ciudad donde “la basura tiene vida propia”, y duerme su pesadilla en medio de la rutina comercial y el clima sofocante que sustituyó la maravillosa atmosfera que hizo de Los Teques una ciudad propicia, no sólo para descansar y recuperar la salud, sino también un refugio para poetas y bohemios que llegaron a llamarla “la pequeña Suiza”.
El escritor va describiendo lugares arrasados por el espectáculo progresista, su palabra se dilata en remembranzas y juega cuando habla de personajes que aún están vivos y pueden dar cuenta del pasado. En Tren sin Retorno, César Gedler trata el tema de la violencia como un acontecimiento que no se puede evitar. La misma sociedad es víctima de la violencia que practica diariamente sin percatarse de esa transformación en victimarios, porque la realizan en medio de la desidia y la apatía. En esta situación se violenta el derecho del otro, pero nadie tiene conciencia de ello porque se obedece a viejos patrones instaurados por el poder político y económico que han implando una forma de vida que rinde tributo al fetichismo urbanístico y mercantilista. Tren sin Retorno no es una crónica novelada, no pertenece al ámbito de la invención literaria, es un testimonio que denuncia la destrucción, no sólo de un pueblo, sino del ideario colectivo de miles de personas que añoran vivir en un lugar mejor. Gedler, desde las páginas de sus crónicas reclama una justicia que reivindique al pueblo que tanto daño ha recibido. El autor no propone una vuelta atrás, sino un viraje que proporcione una toma conciencia respecto al entorno donde habitamos. El encuentro con esos espacios que pueblan la obra de César Gedler, nos proporciona el territorio para que el contenido psíquico se exprese a sí mismo libremente, buscándonos en las instancias del pensamiento y la reflexión que pueden modificar el devenir de nuestra ciudad.

Tren sin retorno está disponible, de forma gratuita, en el sitio Web del autor: