lunes, 14 de octubre de 2013

Miniguerra: tarea de los cuerpos



Miniguerra es una fragua simbólica donde el cuerpo, como abstracción, experimenta cuatro fases que revelan la condición proteica de la palabra. El Cuerpo sensual muestra la potencia liberadora mediante el erotismo, ingresando en un universo donde transforma los instantes fugaces de una mirada o un abrazo en momentos plenos y enriquecedores. La primera etapa del libro abre con el Eros como paradigma que amalgama los aspectos sagrados y profanos, fundamentales en la transmutación de las emociones. 

La tarea del Cuerpo social cumple una función indagadora y refleja sus impresiones mediante la voz poética. En ella se advierte cansancio y el cuestionamiento de aspectos sociales que apuntan hacia la toma de conciencia. Se evidencia el tránsito del estadio erótico hacia el entorno, el cual explora desde un enfoque conectado con la realidad que lo circunda. El mundo que se revela ante sí exhibe las grietas de un modelo decadente, inverosímil, absurdo hasta la nausea, el impase violento con estructuras del poder desmedido, donde la muerte y la usurpación de roles hacen su guardia, trasfiguran la palabra en un Cuerpo herido.

Este Cuerpo herido, aturdido por la confusión, se debate entre la confrontación de la contingencia y el deseo de producir cambios para rehacer un territorio con una cadencia distinta, para evitar la catástrofe. El Cuerpo herido es una metáfora del clamor por el restablecimiento de los valores y la libertad, por la sanación de un lugar ultrajado. Las imágenes poéticas de este texto dan cuenta del proceso que experimenta el ser al reconstruirse desde las profundidades del mundo subjetivo y la sensibilidad con la que el acontecer inmarcesible va reparando las fisuras del alma. 

El Cuerpo reconciliado es la puesta en escena de una lucha frontal entre la voz poética y un enemigo atomizado por el poder. Ya no hay clamor ni ruegos, sino una rebeldía inaudita que desafía al adversario y le advierte que combatirá sus ofensivas blandiendo la palabra como arma y amuleto. Las estelas líricas del Cuerpo Reconciliado señalan el lento transcurrir de un estado a otro, el cambio que se va operando en los imaginarios recónditos del ser, manifiestos en el caudal del símbolo que lo conduce hasta su más pura esencia.