domingo, 28 de septiembre de 2014

Brevos y braves



Leer a Luis Barrera Linares es estar dispuesto a meterse de lleno a un mundo lúdico ejercido y (re)creado por las palabras. Desde su primera obra narrativa publicada hasta esta que está en sus manos ha sido la constante. Ese juego del doble sentido, de la ironía y del humor bien llevado, entre otros aspectos, forma parte de “Brevos y braves”, disculpen, Bravos y breves.
La primera parte del libro está dedicada a los breves, en donde desde la A hasta la Z, nos presenta un jocoso catálogo de tipos de escritores que, al momento de leerlo, produce una inevitable resonancia con éstos, es decir, con algunos que conocemos o que pudiéramos llegar a conocer. No obstante, Barrera Linares se identifica con alguna letra del abecedario -sin llegar a revelar cuál- y reconoce que todo escritor tiene su “egoteca” siempre activa y al acecho. Como llama él mismo a sus breves, un “humilde breviario” en el que más de uno se verá reflejado.
En la segunda parte, los bravos, la coloratura de lo narrado va de la mano de un país sumido en la violencia, en donde se deja ver un entramado duro e inquietante. Aquí está presente un grupo de venezolanos que migra del país, mostrando las vicisitudes que ello implica; una mujer con múltiples apetencias sexuales; una asesina muy letrada y mucho más.
Luis Barrera Linares considera que un autor debe darse por satisfecho cuando la ficción que escribe se transforma en realidad y no a la inversa. Breves y bravos es una muestra contundente de su propia teoría cuando en medio del pacto intrínseco que propone la lectura, logramos identificar aunque sea a un solo escritor con cualquiera de las categorías expuestas. ¿Es usted un bestseller siempre en potencia? Este libro es para usted, escoja su letra y no se ponga bravo.


Jason Maldonado

domingo, 14 de septiembre de 2014

Los knockout de Santa Ángela del cerro


Richard Sabogal


El primer libro que leí de Eloi Yagüe Jarque fue Cuando amas debes partir, una novela prácticamente imposible de conseguir en las librerías y con un título muy romanticón para la temática que contiene. Esta novela es la segunda parte de la historia de Fernando Castelmar, un periodista alcohólico y con bastantes problemas existenciales, pero con un olfato infalible para los sucesos. A partir de allí comencé a seguirle la pista a los trabajos de Eloi, y por fin llegó a mis manos Las alfombras gastadas del gran hotel Venezuela, primera parte de la trilogía Castelmar, libro que a pesar de no tener la misma densidad narrativa de Cuando Amas debes partir, tiene la esencia del estilo de Eloi, esa parte negra que caracteriza sus trabajos y engancha desde la primera página con giros muy bien logrados que dejan el buen sabor de un libro hecho con maestría.

Gracias a la buena amistad con la editora llegó a mis manos (aún tibiecito del horno) Santa Ángela del cerro, el libro más reciente de Eloi, con una portada brutal que identifica a Ángela, esa mujer que imaginé hermosa y pura, perdida en las laberínticas escaleras de cualquier barrio capitalino. El primer cuento de este libro es un homenaje a los bravos de la salsa, con una historia conmovedora de las cárceles venezolanas.

Tengo por costumbre no leer la contraportada de los libros, así que al iniciar la lectura pensé que era en realidad una novela, pero no, resulta que este cuento tiene tal profundidad que en pocas páginas me arrastra al mundo carcelario, a los pasillos oscuros de una ciudad dentro de la ciudad, con sus propias reglas y me da un final rudo, lamentable, peor aún, teñido de la realidad de hechos que conmovieron el país hace poco tiempo.

Como si fuera poco con ese primer cuento, que me dejó un sabor amargo pero con ganas de más porque a los seres humanos nos encantan las historias, así sean crueles, el segundo cuento también va sobre cárceles, en este caso trata del suceso de El Rodeo II hace varios meses. Eloi nos introduce en la cárcel y nos hace sentir la claustrofobia, los muros temblando con las detonaciones y la búsqueda de una salida, que de cierto modo llega, pero nos da otro golpe seco en la cabeza con el final.

En el tercer cuento, luego de estos que dejan vibrando al lector, aparece Castelmar, quien nos asusta por un momento al verlo en la situación que se encuentra y nos llena de adrenalina, nos hace correr línea a línea esperando el ansiado desenlace. Sin duda Eloi tiene una gran pericia para enganchar y mantenernos en vilo.

Eloi Yagüe nos ofrece un libro al que no le sobra ni le falta nada. Sus cuentos pertenecen al género negro, con hechos donde vemos policías, periodistas y hasta marineros que nos arrastran a lugares recónditos de indigencia humana. Eloi presenta un trabajo donde cada cuento ordena quedarte, te mantienen al filo de la página todo el tiempo y dan un golpe con los finales, casi siempre inesperados, como debe ser. Son todos unos cuentos brutales y aquí se superó, sin duda alguna, con sus trabajos anteriores.

Eloi tiene voz propia, uno lee cualquier historia y conoce que es la tinta de nuestro escritor (aunque haya nacido en España). Estos cuentos a nivel general nos muestra esa parte oscura del ser humano, esa podredumbre del alma que no deja espacio para más nada. La pasión repugnante por conseguir lo que se desea sin importar si ello deja algún muerto en el camino, el abuso de poder, la miseria humana hecha sociedad.

El autor denomina estas historias como Realismo Mágico Urbano, y el último cuento es un acto de realismo mágico que recuerda una parte de Cien años de soledad, que no pierde vigencia. Santa Ángela del cerro es de esos libros que se recuerdan cada vez que evocamos nuestras mejores lecturas.

Santa Ángela del cerro es algo que deben leer los amantes del género negro, este autor que en silencio va dando pasos seguros, nos sorprende con historias que no tienen costuras por ninguna parte, además del cuidado estético del libro con una edición exquisita, una portada que invita a verla indefinidamente y un trabajo impecable en su interior, es un libro que no debe faltar en ninguna biblioteca personal.