jueves, 16 de octubre de 2014

Cuentos regresivos




Por estas páginas anda un personaje, el tiempo que se detiene, un tiempo que observa en nombre de alguien que se hace llamar, convocar por sus propias peripecias. El narrador, consciente de su aventura, ha diversificado la mirada y ha construido un universo en el que el lector —el lector avisado y avezado— logra asirse para también formar parte de las historias que John Montañez Cortez recoge y cuenta.
Cuentos regresivos tiene que ver con la memoria hacia el pasado, un estadio detenido, hacia un lugar donde los años y las horas que se han vivido y hasta no vivido durante la infancia, la adolescencia y una ficción abastecen al narrador de territorios próximos a la muerte, la nostalgia, el amor, el crimen y otras andanzas temáticas que hacen de esta obra un espacio para respirar con dilatación cardíaca, sobre todo cuando quien desata las historias entra en el mundo del misterio.
Cuentos regresivos traduce los instantes en que el narrador sucumbe ante los temas. Se vale de todos ellos para entrar y salir airoso de un mundo en el que quien accede como lector emerge hecho personaje.

Alberto Hernández






En Cuentos Regresivos John Montañez conduce al lector por diversos tonos de la nostalgia y el trastierro. Su voz hilvana recuerdos de la niñez remota con la imaginación y la memoria contenida en la sociedad. Personajes obsesivos, solitarios, abandonados y confusos se imponen en estas historias y le dan vida a un paisaje desolado y cercano.
Israel Centeno

lunes, 6 de octubre de 2014

Dos regalos, una sorpresa de lectura


Nadie puede pretender que los cuentos sólo deban escribirse luego de conocer sus leyes. En primer lugar, no hay tales leyes...
Julio Cortázar


Por: Richard Sabogal

En mi opinión de lector y editor, fruto del trabajo empírico que he realizado durante algunos años, creo que nuestra apreciación literaria, al momento de comprar un libro, está condicionada por el nombre, los premios, los reconocimientos y un largo etcétera, juicio que no critico, pero que a veces nos lleva a leer verdaderos bodrios que solo tienen firma reconocida.
De igual forma ocurre en sentido contrario, es decir, cuando se enciende la alarma al recibir o ver el libro de un autor desconocido en el medio literario. En ese caso damos por sentado que el libro en cuestión puede ser malo, aburrido, más de lo mismo… Pues, me confieso culpable de este condicionamiento cuando llegó a mis manos Dos regalos, libro de cuentos de Heberto Gamero Contín, un autor del que poco conozco, aunque tiene unos trabajos muy interesantes, además de varias menciones y premios. Les Quintero, su editora, me lo recomendó y comencé a leerlo con algo de prejuicio, pero en las primeras líneas quedé gratamente sorprendido y atrapado por la fuerza y la belleza del primer cuento que da título al libro.
El trabajo es sencillamente genial, con una atmósfera mágica que rinde un homenaje a Gabriel García Márquez. La historia cuenta las peripecias de un joven de quince años que emprende una aventura extraordinaria, la cual nos mantendrá aferrados al libro, pidiendo que no le pase nada al osado muchacho.
Este cuento en particular me dio una visión del autor, un hombre en el que se intuye la pasión por la literatura. En la escritura de Heberto Gamero se puede apreciar un amplio conocimiento de la narrativa del Gabo y de la literatura universal, sobre todo de cuentos clásicos y de historias de aventuras. Entre sus líneas se escapa la chispa de la aventura de Stevenson, Robinson Crusoe y Mark Twain.
Otros cuentos abordan lo social y la consecuencia que deja el “caradurismo” ciudadano. En este caso vale resaltar el cuento La carga, donde una gandola se precipita contra unos árboles por culpa de un sinvergüenza. A partir de allí el protagonista debe lidiar con varias vicisitudes que cualquier venezolano puede imaginar.
 En algunos cuentos la atmósfera se oscurece como en El ventanal, donde una langosta aparece en el jardín de un hombre mayor y nos zambulle en su historia. En esta misma línea está Sentimientos perrunos, un conmovedor homenaje a los perros de la calle. No puedo dejar de mencionar Mi amigo invisible, cuento que, a mi juicio, es uno de los más hermosos del libro Dos regalos. El cuento es un tributo al gran Arturo Uslar Pietri, en el que Heberto Gamero trabaja una historia con precisión de orfebre hasta enlazar su cuento con el escenario narrativo de este insigne escritor venezolano. Considero que es uno de los cuentos mejor construidos donde el autor jugó con varios recursos hasta crear un entramado en el que un personaje descubre la fórmula para ensamblar sus invenciones.
Heberto Gamero afirma que lo suyo es escribir cuentos, ese es su fuerte y lo explota de forma magistral. Él puede recrear belleza y crueldad en un mismo cuento; juega con la tensión de escenas y episodios y logra un efecto fabuloso, pues quedamos prendidos en la trama de sus cuentos.
Les Quintero, editora de Lector Cómplice y de este libro, dice que sus cuentos son un trabajo de orfebrería literaria y creo no existe mejor termino para catalogarlo. Los cuentos que componen el volumen de Dos regalos contienen pasajes llenos de lirismo que dejan en los lectores el dulce sabor de un cuento para adultos, pero por momentos se convierten en déjà vu y evoca la narrativa que disfrutamos cuando niños.