miércoles, 27 de mayo de 2015

Buitres en la sabana




Nadie como Marisol Marrero para inocularnos el veneno dulce y salvaje de la tierra venezolana con su flora, fauna, sangre y fantasmas. Después de hechizarnos con los paisajes de su trilogía de la Colonia Tovar, lo vuelve a hacer en Buitres en la sabana con el llano: sus fincas, sus inmensidades y ríos desbordados, sus pájaros, sus caballos, tigres y serpientes. Esta novela abarca medio siglo de crecimiento, desarrollo y destrucción; nos habla de inmigraciones y mestizaje de culturas con personajes entrañables y fuertes, cuyas pasiones se potencian en la peligrosa belleza de la tierra que aman. Pero ésas, en el tiempo de hoy, son objeto de saqueo y rapiña por parte de sicarios apoyados por los funcionarios gubernamentales, Buitres en la sabana es también una novela de denuncia.

Krina Ber




Una historia que nos impone entrar descalzos, solo así se nos revela el sol erizado de una tierra de fieros contrastes y, entre la vida y la muerte, nos va murmurando su nombre: buitres en la sabana, donde las sombras acechan y le clavan las garras a lo más sagrado del llano. Allí una mujer se ofrenda al amor de un hombre que la despoja de su pelaje, y lo incendia para que un nuevo amanecer la encuentre.
Sandy Juhasz




La trascendencia del sentido del olfato para Marisol Marrero, con los olores diversos a pasto, a mastranto, a sangre de animal cazado y el olor primordial del hombre amado, nos guía hasta la exaltación del mismo en los paisajes eróticos, fuertes y delicados al mismo tiempo. La protagonista, en su papel de periodista y detective a la vez, se dedica a investigar y denunciar un crimen que irremediablemente la lleva a vivir momentos de extrema tensión y agonía. Eso la obliga a reconocer que este lugar bendecido por los dioses, con grandes riquezas en el pasado, ha sido maldito por el poder, la ignorancia, la corrupción y la indolencia, y aquí no hay libertad ni justicia.

Anabelle Aguilar Brealey

viernes, 22 de mayo de 2015

Los rayos también terminan en el abismo


Los rayos también terminan en el abismo, primera novela de Joaquín Ferrer, es una historia que bordea el filo onírico donde un personaje narra su incapacidad para escribir una novela. El discurso, suerte de monólogo atolondrado, rinde homenaje a los escritores Ednodio Quintero, Pancho Massiani, Enrique Vilas-Mata y Gabriel García Márquez, entre otras voces que se dejan escuchar desde la soledad y el miedo del personaje que pospone una y otra vez la tarea de escribir, mientras la ansiedad lo hunde en la frustración.
Joaquín Ferrer articula sus rayos en las confesiones del personaje, y las anécdotas que lentamente van desvaneciendo la frontera que separa la realidad (siempre huidiza) de la ficción que, desde el abismo, se erige como como imagen, como hecho. Una de estas imágenes que surgen del abismo, es la violencia emplazada en territorios mexicanos bajo la figura de unos hijos difusos, en la memoria de un padre aún más desdibujado en su propia narración.
El personaje, verdugo de sí mismo, es llevado por la introspección hacia una aventura metatextual, en la que terrores y transgresión constituyen estelas fulgurantes, matizadas de ironía y humor negro. Los pasos de humo de Ednodio Quintero, tal vez son las huellas que sigue el aspirante a escritor, en los paisajes góticos en los que debe elegir qué ruta tomar para su liberación, mientras se relata a sí mismo tratando de reificar el tiempo en el fondo brumoso del ensueño narrativo.
Les Quintero

jueves, 14 de mayo de 2015

Mujeres en su tinta



Durante siglos, en nuestra cultura, las mujeres creadoras se vieron silenciadas por el predominio de una visión, y poder, patriarcales que las relegó al ámbito del hogar, a labores domésticas. Las cargó con el pecado original y otras culpas que bien podían terminar en la hoguera, el apedreamiento, el ostracismo o la locura.

Mujeres pioneras como Lou Andreas Salomé, Virginia Woolf, Simone de Beauvoir, Anaïs Nin, o nuestras Enriqueta Arvelo Larriva, María Calcaño, Ida Gramcko, Juana de Ávila, o Elisa Lerner, abrieron para siempre caminos más amplios a la voz femenina. Ellas demostraron que la mujer desde su voz y desde su inteligencia, complementaba necesariamente la configuración y reconstrucción de un mundo, que la violencia y la guerra más atroz, habían dejado hecho pedazos.

Los textos de María Candel que presento en estas líneas son herederos de esa búsqueda, de ese camino, de esa amplitud de fronteras, de esa perspectiva de la realidad desde una voz de mujer, no mejor ni peor, pero sí distinta. Porque si algo he logrado entender, acercándome ya a los cincuenta años, es que, definitivamente, las mujeres y los hombres tenemos maneras distintas de ver el mundo, de vivir las experiencias, de relacionarnos con los que nos rodea, y también de expresar esa visión a través del acto creativo o en nuestros vínculos cotidianos.

Mujeres en su tinta recoge un conjunto de textos pacientemente escritos a lo largo de varios años, durante los cuales María Candel, que no venía del mundo académico de las letras, pero quien sí era una ávida e intuitiva lectora, fue encontrando en talleres literarios, diversos interlocutores –entre los cuales me honro de estar– y una voz propia, cincelada, como lo he dicho, pacientemente.
Beatriz Alicia García