jueves, 14 de mayo de 2015

Mujeres en su tinta



Durante siglos, en nuestra cultura, las mujeres creadoras se vieron silenciadas por el predominio de una visión, y poder, patriarcales que las relegó al ámbito del hogar, a labores domésticas. Las cargó con el pecado original y otras culpas que bien podían terminar en la hoguera, el apedreamiento, el ostracismo o la locura.

Mujeres pioneras como Lou Andreas Salomé, Virginia Woolf, Simone de Beauvoir, Anaïs Nin, o nuestras Enriqueta Arvelo Larriva, María Calcaño, Ida Gramcko, Juana de Ávila, o Elisa Lerner, abrieron para siempre caminos más amplios a la voz femenina. Ellas demostraron que la mujer desde su voz y desde su inteligencia, complementaba necesariamente la configuración y reconstrucción de un mundo, que la violencia y la guerra más atroz, habían dejado hecho pedazos.

Los textos de María Candel que presento en estas líneas son herederos de esa búsqueda, de ese camino, de esa amplitud de fronteras, de esa perspectiva de la realidad desde una voz de mujer, no mejor ni peor, pero sí distinta. Porque si algo he logrado entender, acercándome ya a los cincuenta años, es que, definitivamente, las mujeres y los hombres tenemos maneras distintas de ver el mundo, de vivir las experiencias, de relacionarnos con los que nos rodea, y también de expresar esa visión a través del acto creativo o en nuestros vínculos cotidianos.

Mujeres en su tinta recoge un conjunto de textos pacientemente escritos a lo largo de varios años, durante los cuales María Candel, que no venía del mundo académico de las letras, pero quien sí era una ávida e intuitiva lectora, fue encontrando en talleres literarios, diversos interlocutores –entre los cuales me honro de estar– y una voz propia, cincelada, como lo he dicho, pacientemente.
Beatriz Alicia García