Gente de signos

Inés González

En Gente de signos podemos encontrar, por un lado, textos que abordan el asunto del oficio de escribir, es decir, la complejidad de fijar la palabra escrita, abarcando en ello todo su universo de relaciones: el misterio de la inspiración, la precisión del lenguaje, el asunto de la expresividad, las claves que descifran relevaciones más allá del lenguaje formal y el estirado universo de relaciones que convocan los significados apenas aparecen.

Pero, por otra parte, las cavilaciones sobre el lenguaje desbordan esos linderos, derivando hacia asuntos de carácter más existencial, y nos pasea por historias donde el lenguaje trae consigo otras preocupaciones, como las posibilidades (o dificultades) de la comunicación o las identidades, halladas o extraviadas, y se sumerge en aguas metafísicas, como el posible olvido de la propia lengua o el lenguaje como clave de acceso a otros mundos (reales o metafóricos), así como la redefinición de símbolos, mostrándonos la angustiante sensación que produce la insuficiencia del idioma a efectos de conectarnos con los otros o, incluso, para entender el mundo que nos rodea.

Gente de signos es, en general, un libro acerca de las palabras y, con ello, de la escritura. De la pérdida de la inocencia frente al uso del lenguaje. Un libro que deja un testimonio de ese momento en que, para un autor, aquel dejó de ser el luminoso universo del lector agradecido, para convertirse en un bosque oscuro, una tormenta en medio del mar. En la herramienta expresiva del autor. Un testimonio de ese momento en que el lenguaje escrito se convierte en el enemigo a vencer. O en un contendiente que, de tanto lidiar con él, podría terminar aceptándonos a su lado y, luego de arduos afanes, obsequiarnos eventuales claridades.

Héctor Torres

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